La alimentación es uno de los
principales determinantes de la salud y está relacionada con muchas de las
enfermedades que atendemos diariamente en Atención Primaria. Sin embargo,
hablar de alimentación en la consulta no siempre resulta fácil: falta de tiempo,
exceso de información, dietas de moda y recomendaciones nutricionales
aparentemente contradictorias pueden dificultar el consejo sanitario. Un
artículo publicado recientemente en American Family Physician, “Healthy Dietary Advice in Clinical Practice: Recommendations for Family Physicians”,
propone simplificar el consejo alimentario que damos desde las consultas de
Medicina de Familia. Los autores resumen el mensaje en tres recomendaciones
fundamentales.
- Priorizar alimentos de origen vegetal y mínimamente procesados. Más que centrarnos en nutrientes concretos, porcentajes de hidratos de carbono, grasas o proteínas, debemos hablar de alimentos. La recomendación es aumentar progresivamente el consumo de: verduras y hortalizas; frutas; legumbres: judías, lentejas, garbanzos o guisantes; frutos secos y semillas; cereales integrales; y otros alimentos de origen vegetal poco o mínimamente procesados. La evidencia disponible relaciona los patrones alimentarios predominantemente vegetales y basados en alimentos mínimamente procesados con menor riesgo de enfermedad crónica y mortalidad. El consejo puede ser muy práctico: añadir una verdura a cada comida, incorporar legumbres a platos que el paciente ya consume habitualmente o sustituir determinados aperitivos por fruta o frutos secos. Grado de evidencia B
- Reducir los alimentos ultra procesados. El segundo mensaje es igualmente sencillo: comer menos productos ultra procesados. Son productos generalmente listos para consumir o calentar, con formulaciones industriales y largas listas de ingredientes. Su consumo elevado se ha relacionado con mayor ingesta energética, aumento de peso y peores resultados cardio metabólicos. En la consulta podemos recomendar: elegir alimentos con pocos ingredientes; reducir productos preparados y envasados; sustituir bebidas azucaradas por agua; limitar alimentos cuya composición se aleja claramente del alimento original. La idea no es clasificar obsesivamente cada producto, sino ayudar al paciente a desplazar su alimentación hacia alimentos reconocibles y menos procesados. Grado de evidencia B.
- Adaptar la alimentación a la cultura, preferencias y vida del paciente. Probablemente sea uno de los mensajes más interesantes del artículo. No existe una única dieta saludable válida para todas las personas. Es posible comer saludablemente siguiendo diferentes patrones alimentarios, tradiciones culturales y distribuciones de nutrientes. Por ello, los autores desaconsejan centrar el consejo en dietas rígidas o en proporciones específicas de macronutrientes. La mejor alimentación para un paciente será aquella que, además de saludable, pueda mantener a largo plazo. Esto implica preguntar qué alimentos consume habitualmente, cuáles forman parte de su cultura familiar, qué platos le gustan y qué cambios considera realmente posibles. Grado de evidencia C.
Más conversación y menos prescripción
El artículo propone una forma de consejo
nutricional especialmente apropiada para Atención Primaria: partir de la
alimentación real de la persona y buscar pequeños cambios factibles. Algunas
preguntas pueden ayudarnos: ¿Qué alimentos suele comer habitualmente? ¿Qué
comidas son importantes para usted o para su familia? ¿Qué pequeño cambio
estaría dispuesto a probar? El objetivo no es imponer una dieta perfecta,
sino encontrar cambios saludables compatibles con las preferencias, cultura,
posibilidades económicas y circunstancias de cada persona.
¿Y cuando el consejo breve no es
suficiente?
Los autores reconocen también los límites de la consulta médica. Las intervenciones que consiguen cambios dietéticos mantenidos suelen requerir mayor intensidad y tiempo del que habitualmente dispone el médico de familia. En personas con factores de riesgo cardiovascular, las intervenciones dietéticas de intensidad moderada o alta —con 6 o más horas de contacto— pueden mejorar la presión arterial, los lípidos y los resultados cardiovasculares. Cuando existen necesidades nutricionales complejas, la colaboración y derivación a profesionales de la nutrición y dietética puede mejorar los resultados.
Tres mensajes para llevar a la consulta
El consejo dietético desde Atención
Primaria puede simplificarse considerablemente:
- 🥦 Más alimentos vegetales y mínimamente procesados.
- 🥤 Menos productos ultraprocesados.
- 🌍 Una alimentación flexible, adaptada a la cultura, preferencias y circunstancias de cada persona.
No necesitamos convertir cada consulta
en una clase de nutrición. Probablemente sea más útil identificar uno o dos
cambios concretos, realistas y sostenibles que el paciente pueda incorporar
a su alimentación habitual. En definitiva, quizá la pregunta no sea tanto “¿cuál
es la mejor dieta?”, sino: “¿Cuál es el patrón de alimentación saludable
que esta persona puede mantener a largo plazo?”. Este enfoque conecta el
consejo nutricional con algunos de los principios fundamentales de la Medicina
de Familia: atención centrada en la persona, toma de decisiones compartida y
promoción de cambios de conducta sostenibles.
Este enfoque de pequeños cambios para comer mejor, ya lo comentamos en el blog en la entrada Pequeños cambios para comer mejor. AQUI TENEIS DISPONIBLE LA GUIA Pequeños cambios para comer mejor. 2019
Paco Camarelles

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