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lunes, 27 de marzo de 2017

Etica de la prevención, una reflexión necesaria

Las decisiones que tomamos a diario en la consulta sobre temas de prevención tienen que estar basadas en tres pilares: los conocimientos  y habilidades clínicas que tenemos sobre que actividades preventivas aplicar, las habilidades comunicacionales, y el componente ético de la decisión.
La clave se sitúa en reflexionar sobre la práctica clínica cotidiana, lo que nos puede permitir mejorar la vertiente ética de la atención preventiva que prestamos a nuestros pacientes. El excelente documento “Ética de la prevención: cuestionando viejos escenarios”  nos ayuda en la necesaria reflexión. El documento ha sido publicado por el Grup de Ética de la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitaria CAMFIC.
Imagen tomada del taller Deliberando la comunicación. Eva Peguero y Francesc Borrell. 27 Congreso de entrevista clínica y comunicación asistencial. san Sebastian octubre 2016.
El documento empieza recordándonos los motivos para abordar la prevención desde la ética, que se relacionan con la colisión entre la práctica clínica y los principios de la bioética: “En prevención es fácil perjudicar innecesariamente al ciudadano sano (principio de no maleficencia). Hay quien dice que las actividades preventivas no hacen que los pacientes se encuentren mejor, pero sí que pueden hacer que se encuentren peor. Por otra parte, la prevención es un excelente recurso para la medicalización, que llega a conseguir que el ciudadano sano se comporte como enfermo. También a menudo se hace sin que el ciudadano dé su consentimiento válido, es decir, no se cumplen las condiciones de información, capacidad y voluntad (Principio de autonomía)”.  También podemos hacer reflexiones sobre la utilidad del gasto en prevención (Principio de justicia), y sobre las vertientes individual /poblacional de la prevención (Principio de beneficencia).
La reflexión ética debe hacerse teniendo en cuenta el contexto en el que nos desenvolvemos. El documento nos da claves para analizar el papel de las autoridades sanitarias y las instituciones, la influencia de la industria farmacéutica y de productos sanitarios, los cambios en las creencias colectivas referidos a la salud y la prevención (el enfoque actual de la prevención difunde la idea de que todo es prevenible, la medicina es todopoderosa y puede retrasar la enfermedad y la muerte indefinidamente), la extensión entre la ciudadanía del uso de internet que permite el acceso a una cantidad ilimitada de información, y la necesidad de que las decisiones preventivas sean eficaces (Medicina Basada en la Evidencia). Todo ello dentro de un marco legal y deontológico que se analiza exhaustivamente.
En el documento se desarrollan con profundidad los principios de la Bioética, sin olvidarse de los valores a considerar cuando tomamos una decisión preventiva:
  • Prudencia: El manejo de información contrastada y el cuidado en poner en marcha procedimientos seguros minimizando los riesgos, son aspectos ineludibles cuando se hace prevención a la consulta.
  • Lealtad: En el caso de la prevención, el intento de darle al paciente información veraz y comprensible sobre las ventajas y limitaciones de los procedimientos propuestos, puede ser especialmente difícil
  • Honradez: Hay que atender la posible interferencia de los intereses personales o de terceros en la selección de actividades preventivas y en su cumplimiento.
  • Respeto: El derecho a decidir, una vez se ha trabajado con el paciente la información adecuada, representa también la aplicación del valor del respeto. Hay que evitar poner en marcha actividades preventivas que no tengan beneficios probados en cualquier paciente pero sobre todo en la población anciana.
Ética de la prevención, una reflexión necesaria e ineludible

Paco Camarelles

lunes, 26 de enero de 2015

Ética en prevención (1). Responsabilidad individual y social por la salud

"Pensemos en los montañeros que se accidentan o se pierden en la montaña, los candidatos a un trasplante de pulmón que siguen fumando, los enfermos del corazón que se niegan a abandonar una vida estresada, los obesos que no moderan la ingesta de alimentos, las personas que practican un sexo inseguro, los que no siguen las recomendaciones de sus médicos, los que sufren accidentes de motor por exceso de velocidad y/o sin haber usado el cinturón o el casco. Si todos ellos están bien informados de los riesgos que asumen voluntariamente, perderían el derecho a reclamar la misma atención sanitaria que los demás en el sistema público de salud. La sociedad no parece deberles lo mismo que al resto de los enfermos".
Este es el “escenario clínico” que nos propone el recomedable artículo publicado en la Revista Española de Salud Publica ¿Quién es el guardián de nuestra propia salud? Responsabilidad individual y social por la salud.
 

El artículo reflexiona sobre la importancia de que las personas se responsabilicen sobre sus estilos de vida que pueden causar enfermedad, si la sociedad puede pedir responsabilidad a las personas sobre sus decisiones en salud y quien tiene que acarrear con las consecuencias de estas.
Son dos los principios éticos que se analizan en profundidad en el artículo, el de la autonomía de las personas (responsabilidad individual en las conductas en salud y cuáles son sus determinantes),  y el de justicia en el manejo de los recursos necesarios para atender las consecuencias de las decisiones en estilos de vida.
Las conclusiones me parecen muy acertadas: "Resumiendo, la autorresponsabilidad tiene un papel en la política sanitaria porque contribuye a mejorar el cuidado que las personas se deben a sí mismas. Pero utilizar el argumento de la autorresponsabilidad para recortar las prestaciones públicas de salud o para priorizar a la baja a los enfermos en el acceso al sistema sanitario es falaz. En primer lugar, porque por lo general es imposible determinar el grado de responsabilidad individual por la salud. Y, en segundo lugar, porque lo que debemos a los enfermos no viene determinado por sus elecciones voluntarias, sino por el valor de la elección y el valor de la salud. El primero depende a menudo de los determinantes sociales de la salud y el segundo está ligado a la idea de salud como un bien en y por sí mismo".