La falta de tiempo, la presión
asistencial y los problemas organizativos son las principales barreras para
implementar las actividades preventivas en las consultas de Atención Primaria.
Así lo señalan los resultados de un estudio realizado con profesionales
sanitarios en Barcelona y Madrid, presentado en el encuentro INEBRIA–PEACHD 2026.
Sabemos qué hacer en prevención, pero no
siempre podemos hacerlo
Disponemos de evidencias científicas y
recomendaciones sobre numerosas intervenciones preventivas eficaces. El consejo
sobre el consumo de tabaco y alcohol, la promoción de la actividad física o la
alimentación saludable forman parte de las actividades preventivas que deberían
integrarse en la práctica clínica habitual. Sin embargo, existe una distancia
entre lo que recomiendan las guías y lo que realmente se hace en las consultas.
¿Por qué resulta tan difícil implementar de manera sistemática las actividades
preventivas en Atención Primaria? ¿Qué obstáculos encuentran los profesionales?
¿Qué cambios podrían facilitar su trabajo?
Estas son las preguntas que nos
planteamos en el estudio «Why prevention fails in primary care: barriers andf acilitators from Spanish professionals», presentado en INEBRIA–PEACHD
2026. Un estudio con profesionales de Atención Primaria hecho en Barcelona y
Madrid. El objetivo fue identificar, cuantificar y ordenar las
principales barreras y facilitadores percibidos por los profesionales
sanitarios para implementar actividades preventivas en sus consultas. Se
realizó un estudio descriptivo transversal mediante preguntas abiertas en dos
encuentros profesionales: Barcelona: encuentro Sumasalut, noviembre de
2024, con 131 profesionales participantes. Madrid: encuentro PAPPS,
marzo de 2026, con 38 profesionales participantes. Las respuestas se analizaron
mediante un análisis temático de contenido, agrupando los conceptos similares
en categorías comunes. En total, se analizaron 438 respuestas: 244
relacionadas con barreras y 194 con facilitadores.
Es importante señalar que la unidad de
análisis fue la respuesta, no el profesional. Por tanto, los porcentajes
expresan el peso relativo de cada categoría entre las respuestas recogidas, y
no la proporción de profesionales que experimentan cada barrera. La falta de
tiempo y la organización explican casi la mitad de las barreras identificadas. El
resultado más destacado fue el predominio de las dificultades organizativas. El
49,2 % de las respuestas sobre barreras (120 de 244) estaban relacionadas con
la falta de tiempo, la presión asistencial y la organización del trabajo.
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Las principales categorías identificadas como barreras fueron: Tiempo, presión asistencial y organización (49,2 %), Motivación, actitudes e inercia profesional (10,2 %), Factores relacionados con los pacientes (10,2 %). Formación, conocimientos y habilidades (8,2 %), Factores sociales, culturales e idiomáticos (8,2 %). Recursos, herramientas y organización del equipo (6,1 %). Factores individuales del profesional (3,3 %). Complejidad clínica (2,5 %). Y Cultura preventiva y expectativas (2,0 %). ¿Qué ayudaría a hacer más prevención en
las consultas? También preguntamos a los profesionales
qué facilitaría la implementación de las actividades preventivas. Los
resultados fueron coherentes con las barreras identificadas. Disponer de más
tiempo y mejorar la organización de las agendas fue el facilitador más
mencionado (28,4 % de las respuestas). Le siguieron la formación y la
disponibilidad de herramientas sencillas y protocolos integrados en el trabajo
habitual, ambos con un 15,5 %. Facilitadores identificados: Más tiempo
y mejor organización de agendas (28,4 %), Formación y capacitación profesional
(15,5 %), Herramientas sencillas, protocolos e integración (15,5 %), Motivación
e implicación profesional (11,3 %), Trabajo en equipo y atención
multidisciplinar (7,7 %), Liderazgo y apoyo institucional (6,2 %), Relación
clínica y habilidades comunicativas (6,2
%), Recursos materiales y estructurales (5,2 %), y Contexto social y factores
relacionados con pacientes (4,1 %). Los profesionales no solo identifican
dificultades, sino que también señalan posibles soluciones. La falta de tiempo
encuentra su contrapartida en una mejor organización de las agendas; las
necesidades formativas, en la capacitación profesional; y las dificultades con
las herramientas, en disponer de protocolos sencillos e integrados en los
sistemas de trabajo. La formación es necesaria, pero
probablemente no suficiente Uno de los mensajes más relevantes del
estudio es que mejorar los conocimientos de los profesionales no garantiza,
por sí solo, que las recomendaciones preventivas se incorporen a la práctica
clínica. La formación puede mejorar los conocimientos, las habilidades y la
confianza profesional. Sin embargo, si después de realizar un curso el
profesional vuelve a una consulta con una agenda sobrecargada, poco tiempo
disponible y herramientas escasamente integradas, las dificultades para hacer
prevención pueden persistir. Los resultados sugieren que las intervenciones
educativas deberían acompañarse de cambios organizativos y de estrategias que
faciliten la incorporación de las actividades preventivas al trabajo cotidiano. De las recomendaciones a la práctica:
actuar en tres niveles A partir de los resultados, planteamos
que mejorar la implementación de la prevención requiere intervenciones
complementarias en tres niveles. 1. Nivel profesional. Mejorar las
habilidades, la motivación y las competencias de comunicación de los
profesionales sanitarios. 2. Nivel del equipo de Atención Primaria.
Facilitar herramientas sencillas, integrar las actividades preventivas en los
circuitos asistenciales y potenciar el trabajo multidisciplinar. Y 3. Nivel
organizativo y del sistema sanitario. Mejorar la disponibilidad de tiempo,
revisar la organización de las agendas y reforzar el liderazgo y el apoyo
institucional. Este enfoque puede resultar relevante para diferentes
actividades preventivas, desde las intervenciones breves sobre el consumo de
alcohol hasta el abordaje del tabaquismo, la promoción de la actividad física o
el consejo sobre alimentación saludable. ¿Qué limitaciones tiene el estudio? Los resultados deben interpretarse
teniendo en cuenta algunas limitaciones. Los participantes procedían de dos
encuentros profesionales y fueron seleccionados mediante muestras de
conveniencia, por lo que no representan necesariamente al conjunto de
profesionales de Atención Primaria de España. La clasificación de respuestas
abiertas requirió un análisis interpretativo y el diseño descriptivo no permite
establecer relaciones causales. No obstante, el estudio permite identificar las
dificultades percibidas por los profesionales y posibles ámbitos de
intervención que podrían evaluarse en futuras investigaciones. Conclusiones: para hacer más prevención
hay que facilitar que pueda hacerse Los resultados nos llevan a una
reflexión importante. Durante años hemos dedicado esfuerzos a elaborar
recomendaciones, actualizar guías clínicas y formar a los profesionales
sanitarios. Todas estas actuaciones siguen siendo necesarias. Pero si
queremos mejorar la implementación de las actividades preventivas en Atención
Primaria, también debemos prestar atención a las condiciones en las que se
desarrolla la asistencia. Los profesionales necesitan conocimientos y
habilidades, pero también tiempo, herramientas sencillas, equipos coordinados y
organizaciones que faciliten la prevención. El reto no consiste únicamente
en recordar a los profesionales la importancia de prevenir, sino en crear las
condiciones necesarias para que puedan hacerlo. Paco Camarelles |
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