Actividad física, salud y bienestar
emocional: ¿sabemos reconocer nuestros límites cuando practicamos deporte?
Correr una maratón se ha convertido en
uno de los grandes símbolos de superación personal. Cada año, miles de personas
se preparan para recorrer los 42,195 kilómetros de esta prueba, atraídas por el
desafío físico, la satisfacción de alcanzar una meta y las emociones que
acompañan a una competición de estas características. Sin embargo, desde la
promoción de la salud conviene recordar una idea fundamental: hacer
ejercicio físico es saludable, pero afrontar retos deportivos extremos no
siempre es adecuado para todas las personas ni en cualquier circunstancia. La
actividad física regular aporta importantes beneficios cardiovasculares,
metabólicos, musculoesqueléticos y psicológicos. Pero preparar una maratón
supone una exigencia fisiológica considerable, que requiere entrenamiento
progresivo, descanso, alimentación adecuada y una valoración individualizada de
las condiciones de salud. Además, existe otra cuestión que merece nuestra
atención: ¿Qué nos impulsa realmente a correr una maratón? Joaquim
Guasch, vocal del Grup d’Exercici Físic i Salut de la CAMFiC, plantea una
interesante reflexión sobre nuestra relación con el deporte, la cultura de la
superación y la importancia de aprender a detenernos.
Cuando el deporte deja de ser únicamente
salud
Preparar una maratón puede ser una
experiencia extraordinariamente enriquecedora. Exige constancia, planificación,
capacidad de esfuerzo y tolerancia a la frustración. También puede reforzar la
autoestima, favorecer las relaciones sociales y proporcionar una profunda
sensación de satisfacción personal. Sin embargo, vivimos en una sociedad que
parece fascinada por los grandes retos: correr cada vez más kilómetros, mejorar
continuamente nuestras marcas, completar nuevas competiciones o superar los
resultados que registra nuestro reloj deportivo. No hay nada negativo en querer
superarse. El problema aparece cuando necesitamos superarnos continuamente
para sentirnos suficientemente valiosos. Detrás de una práctica deportiva
intensa pueden coexistir motivaciones muy diferentes. Podemos correr por
placer, por mejorar nuestra salud, por compartir una actividad con otras
personas o por alcanzar un objetivo personal. Pero también podemos utilizar el
deporte para compensar insatisfacciones, gestionar la ansiedad, buscar
reconocimiento o recuperar una sensación de control que no encontramos en otros
ámbitos de nuestra vida. En ocasiones, sin darnos cuenta, podemos estar
corriendo para cuidarnos y, al mismo tiempo, porque no sabemos cómo detenernos.
¿Sabemos detenernos?
Una de las paradojas de la práctica deportiva intensa es que algunas personas muestran una enorme disciplina para entrenar, pero encuentran grandes dificultades para descansar. ¿Qué ocurre cuando un entrenamiento no sale como esperábamos? ¿Cómo reaccionamos ante una lesión? ¿Somos capaces de renunciar a una sesión cuando estamos fatigados? ¿Qué sentiríamos si finalmente no pudiéramos participar en la maratón que llevamos meses preparando? Estas preguntas pueden decirnos mucho sobre nuestra relación con el deporte. Descansar también forma parte del entrenamiento. Reconocer una lesión, aceptar nuestras limitaciones o renunciar a una competición cuando no estamos preparados no constituye un fracaso. La cultura de la superación suele identificar la fortaleza con resistir, insistir y no abandonar. Pero cuidar la salud requiere una capacidad igualmente importante: saber cuándo continuar y cuándo detenerse.
¿De qué corremos?
Antes de inscribirnos en un gran reto
deportivo quizá deberíamos preguntarnos por qué queremos hacerlo. ¿Corremos
porque disfrutamos? ¿Por qué nos hace sentir bien? ¿Por qué queremos compartir
una experiencia? ¿Por qué nos ilusiona descubrir hasta dónde podemos llegar? ¿O
necesitamos demostrarnos algo? ¿Buscamos el reconocimiento de los demás? ¿Qué
ocurriría si no consiguiéramos nuestro objetivo? Y una pregunta especialmente
reveladora: si tuviéramos que dejar de correr durante un tiempo, ¿cómo nos
sentiríamos? No se trata de cuestionar el valor del esfuerzo ni de
interpretar cualquier motivación competitiva como un problema psicológico. Se
trata de reflexionar sobre el papel que ocupa el deporte en nuestra vida y
sobre si nuestra relación con él contribuye realmente a nuestro bienestar.
Recorrido
- Zurich Marató Barcelona - 14 marzo 2027
Preparar una maratón también significa
cuidar la salud
Desde la medicina de familia y la
prevención, conviene recordar algunas cuestiones importantes antes de afrontar
una prueba de resistencia:
- Valorar
nuestro punto de partida.
La edad, la condición física, la experiencia deportiva, los antecedentes
personales y los factores de riesgo cardiovascular deben tenerse en
cuenta.
- Entrenar
progresivamente.
Una maratón exige meses de preparación adaptada a las capacidades
individuales. No conviene aumentar bruscamente las cargas de
entrenamiento.
- Respetar
el descanso. La
recuperación es imprescindible para favorecer las adaptaciones
fisiológicas y reducir el riesgo de lesiones y sobre entrenamiento.
- Reconocer
los síntomas de alarma.
El dolor torácico, el síncope durante el ejercicio, la disnea
desproporcionada o las palpitaciones acompañadas de otros síntomas
requieren valoración médica.
- Consultar
cuando esté indicado.
Las personas con enfermedades conocidas, síntomas de alarma o determinados
factores de riesgo pueden necesitar una evaluación médica antes de iniciar
entrenamientos intensos. No todas las personas asintomáticas necesitan una
prueba de esfuerzo.
- Evitar
convertir el resultado en una obligación. Abandonar una competición o
modificar un objetivo puede ser una decisión responsable.
La promoción de la actividad física no
debería confundirse con la promoción indiscriminada de grandes desafíos
deportivos. Para obtener importantes beneficios para la salud no es
necesario correr una maratón. Caminar a paso ligero, montar en bicicleta,
nadar, bailar, realizar ejercicios de fuerza o correr distancias moderadas
pueden ser excelentes formas de mantenerse activo.
¿Hacia dónde corremos?
Una maratón puede representar una
magnífica celebración del movimiento, la perseverancia y la capacidad de
adaptación del cuerpo humano. Pero para que el deporte contribuya realmente a
nuestra salud no basta con que nos haga más rápidos o resistentes. También
debería ayudarnos a relacionarnos mejor con nosotros mismos. El verdadero reto
quizá no consista únicamente en completar 42 kilómetros, sino en prepararlos
respetando nuestro cuerpo, reconociendo nuestras limitaciones, aprendiendo a
descansar y disfrutando del proceso sin convertir el resultado en una medida de
nuestro valor personal. Y, sobre todo, llegar a la línea de salida sabiendo
algo que ningún reloj deportivo puede medir: ¿Estamos corriendo hacia algo
que deseamos o, sin darnos cuenta, estamos corriendo para huir de algo?
Nota editorial: Entrada elaborada a partir del texto Córrer una marató: cap una meta o fugint d’alguna cosa? de Joaquim Guasch, vocal del Grup d’Exercici Físic i Salut de la CAMFiC. Adaptación editorial y apartado de recomendaciones preventivas para Salud y Prevención PAPPS.
Córrer una marató: cap una meta o fugint
d’alguna cosa?
Cada vegada és més habitual trobar campanyes que ens conviden a assumir grans reptes esportius. Una marató n’és probablement un dels exemples més emblemàtics. En la societat en què vivim, hem associat els 42 quilòmetres a la superació, a l’esforç, a la salut, al reconeixement i a la capacitat de demostrar-nos que podem anar més enllà dels nostres límits. I fins a cert punt, n’és una bona projecció. Preparar una marató pot constituir una experiència extraordinàriament enriquidora. Requereix molta constància, planificació, tolerància a la frustració i capacitat per conviure estretament amb la fatiga. El mateix procés pot reforçar l’autoestima, generar vincles socials i proporcionar una profunda sensació d’assoliment i de pertinença.
Però des de la medicina de l’esport
potser hauríem d’introduir algun matís en un missatge que socialment hem
simplificat massa: esport no sempre és sinònim de salut. L’activitat física
practicada de manera regular i adequada és una de les intervencions més
eficaces que coneixem per preservar la nostra salut. Però entre sortir a
caminar, córrer regularment o mantenir-nos actius i sotmetre al nostre
organisme a la preparació d’una marató hi ha una diferència important.
Una marató és una prova d’alta exigència
fisiològica. Preparar-la requereix temps, adaptació progressiva, descans,
alimentació adequada i, especialment en determinades edats o davant factors de
risc, una valoració correcta de l’estat de salut. El fet que milers de persones
puguin completar-la no significa que sigui una activitat saludable per a
qualsevol persona ni en qualsevol circumstància.
Però hi ha una altra qüestió, menys
visible, que em sembla especialment interessant de contemplar. Ens costa
identificar quan el cos assumeix tot allò que la nostra ment no pot sostenir.
Vivim en una societat fascinada pels reptes. Córrer majors distàncies, anar més
de pressa, completar un circuit de curses, fer una marató i després una altra,
i més tard una ultramarató. Pujar cims cada cop més alts, o simplement dedicar
tots els esforços a superar una marca en una aplicació del mòbil. No hi ha res
que sigui intrínsecament negatiu en voler superar-se. El problema apareix quan
necessitem superar-nos contínuament per poder sentir-nos suficients.
La pràctica clínica i l'experiència amb
esportistes m’han ensenyat que darrere d'una conducta esportiva intensa poden
coexistir motivacions molt diferents. Hi pot haver el simple fet de gaudir de
l’activitat, la curiositat, un sentiment de pertinença a un grup amb una meta
comuna o el desig de marcar un objectiu que permeti cuidar se. Però l'esport
també pot convertir-se en un espai on compensar insatisfaccions, gestionar
l’ansietat, buscar reconeixement personal o intentar recuperar una sensació de
control que no trobem en altres àmbits de la vida. És precisament aquí on costa
més trobar la mirada correcta a la nostra conducta. Sense ser-ne conscients,
podem estar corrent per cuidar-nos i, al mateix temps, utilitzar la carrera per
no saber com aturar-nos. Potser per això, més que preguntar-nos quan correm o a
quin ritme ho fem, hauríem de ser capaços de parar un moment i observar des
d'on correm.
Què passa quan un entrenament no surt
com esperàvem?, què sentim quan hem de descansar?, Som capaços de renunciar a
una sessió perquè el cos ens ho demana?, com reaccionem davant d’una lesió?, i
si finalment no podem participar en aquella marató per a la qual fa mesos que
ens preparem? Aquestes preguntes poden revelar molt més sobre la nostra relació
amb l'esport que el ritme que marca el rellotge.
Sabem aturar-nos?
En medicina de l'esport veiem sovint una
situació aparentment contradictòria. Persones extraordinàriament disciplinades
per entrenar però amb enormes dificultats per descansar. Escoltar el cos també
és part indispensable de qualsevol entrenament, i molts esportistes
professionals ho saben. Acceptar una lesió, encara que costi d’entendre, també
forma part de l’entrenament. Ella ens apropa a la veritable relació que estàvem
mantenint amb la mateixa pràctica esportiva. Saber renunciar a una competició
quan no estem prou preparats també és entrenament, i tolerar que avui no podem
arribar allà on ens havíem proposat pot ser un exercici de fortalesa molt més
complex que completar 42 quilòmetres. La cultura de la superació tendeix a
associar fortalesa amb resistència, amb aguantar, insistir i no abandonar. Però
la salut necessita una altra capacitat igualment important, que ens porta el
fet de discernir quan continuar i quan aturar nos.
De què correm?
Potser abans d'inscriure'ns en el pròxim gran
repte esportiu hauríem de fer-nos una pregunta molt senzilla: Per què vull
fer-ho? No es tracta de jutjar la resposta, sinó d’escoltar-la des de la
reflexió. Corro perquè m’agrada?, per què em fa sentir viu?, per compartir-ho
amb altres persones?, per descobrir fins on puc arribar? O bé, necessito
demostrar-me alguna cosa?, necessito que els altres vegin que soc capaç?, què
passaria si no ho aconseguís?, i potser la pregunta més incòmoda que sovint
plantejo en consulta, si hagués de deixar de córrer durant un temps, què
passaria?, com em sentiria? La resposta al plantejament no invalida el repte en
si mateix, però pot transformar profundament la manera d'afrontar-lo.
Cap on correm?
Una marató pot ser una experiència
magnífica. Pot ser una celebració del moviment, de la perseverança i de les
extraordinàries capacitats d'adaptació del cos humà. Però perquè l'esport sigui
realment salut no n'hi ha prou que ens faci més resistents o més ràpids. Hauria
d'ajudar-nos també a relacionar-nos millor amb nosaltres mateixos. Potser, per
tant, el repte no consisteix únicament a ser capaços de recórrer 42
quilòmetres. El repte és poder preparar-los respectant el cos. Valorant des
d’on partim i quina és la nostra condició física i estat de salut de base.
Aprenent a descansar i acceptant els nostres límits. Sent capaços d'abandonar
si cal. Gaudir del procés sense convertir el resultat en una mesura del nostre
valor personal. I, sobretot, arribar a la línia de sortida sabent una cosa que
cap rellotge esportiu ens pot mesurar: si estem corrent cap a alguna cosa o si,
sense adonar-nos-en, estem corrent per fugir d'alguna cosa.
Joaquim Guasch Vocal del Grup d’Exercici Físic i Salut de la CAMF






