Los pacientes que viven con varias enfermedades cardio metabólicas —como diabetes tipo 2, hipertensión, cardiopatía, ictus o enfermedad renal crónica— tienen que tomar continuamente decisiones relacionadas con su salud: qué comer, cuándo hacer ejercicio, cómo tomar la medicación, cuándo controlar sus constantes o en qué momento consultar a un profesional sanitario. Pero ¿cómo toman realmente estas decisiones en su vida cotidiana? Un interesante estudio cualitativo publicado en Annals of Family Medicine en 2026, “Naturalistic Decision-Making Patterns in Cardiometabolic Multimorbidity Self-Care: AQualitative Study”, analiza precisamente este proceso desde la perspectiva de la toma de decisiones naturalista.
¿Cómo se realizó el estudio?
Los investigadores entrevistaron a 27
personas con multimorbilidad cardio metabólica, con una edad media de 62,7
años, atendidas en un hospital y un centro de salud comunitario de la provincia
de Zhejiang (China). A partir de las entrevistas identificaron 134 cadenas
de decisiones relacionadas con el autocuidado. Las más frecuentes estaban
relacionadas con la adherencia a la medicación, el control de constantes
vitales y el ejercicio físico. El objetivo no era simplemente conocer si los
pacientes seguían o no las recomendaciones, sino comprender qué ocurre antes
de tomar una decisión, qué factores intervienen y por qué finalmente actúan de
una determinada manera.
Cuatro situaciones que desencadenan
decisiones
Los investigadores encontraron cuatro
grandes contextos que condicionaban las decisiones de autocuidado: dificultades
persistentes para manejar los síntomas; aparición de crisis agudas de salud; malestar
psicológico y emocional; incertidumbre sobre la enfermedad o sobre su
tratamiento. Es decir, las decisiones no se producen de forma aislada. Surgen
dentro de situaciones reales en las que interactúan los síntomas, las
emociones, la experiencia previa, los conocimientos, las prioridades personales
y el entorno del paciente.
Cuatro formas de tomar decisiones sobre
la propia salud
El principal hallazgo del estudio es la
identificación de cuatro patrones de toma de decisiones.
- Decisiones basadas en la experiencia previa. El paciente reconoce una situación porque ya la ha vivido anteriormente y actúa rápidamente basándose en esa experiencia. Por ejemplo, una persona con diabetes reconoce los síntomas que anteriormente acompañaron a una hipoglucemia y actúa inmediatamente. La experiencia puede ser una herramienta muy útil, pero también puede conducir a errores cuando se aplican conocimientos o estrategias que han quedado desactualizados.
- Decisiones basadas en un equilibrio de valores y prioridades. El paciente sopesa las recomendaciones sanitarias frente a otras necesidades de su vida. La salud no es siempre la única prioridad. El trabajo, la familia, las relaciones sociales, el bienestar emocional o determinadas preferencias personales pueden competir con las recomendaciones médicas. Este patrón recuerda algo fundamental: las decisiones sobre salud se toman dentro de una vida, no dentro de una consulta médica.
- Patrón pasivo-reactivo. Algunos pacientes actúan fundamentalmente cuando aparece una crisis, empeoran los síntomas o reciben una advertencia clara de un profesional sanitario. Mientras no perciban una amenaza inmediata, pueden retrasar cambios de estilo de vida, controles o búsqueda de ayuda. En estos pacientes, la intervención profesional debería intentar pasar de una actitud reactiva a una mayor capacidad de anticipación y autocuidado.
- Patrón proactivo e integrador. El paciente busca información, utiliza diferentes recursos, anticipa posibles problemas y participa activamente en las decisiones sobre su salud. Integra sus propios conocimientos y experiencias con el apoyo de profesionales sanitarios, familiares y recursos comunitarios. Este patrón favorece una mayor autonomía y capacidad para manejar enfermedades crónicas complejas.
¿Qué puede hacer el médico de familia?
El estudio tiene implicaciones
especialmente interesantes para Atención Primaria. Conocer cómo toma decisiones
cada paciente puede permitirnos: adaptar nuestra comunicación; explorar sus
valores y prioridades; establecer objetivos compartidos y realistas; reforzar
su autoeficacia; identificar cuándo necesita apoyo adicional; facilitar
recursos comunitarios, familiares o psicosociales; y favorecer una búsqueda de
ayuda más precoz. En definitiva, antes de recomendar un cambio de conducta
puede ser útil preguntarnos cómo está tomando ese paciente sus decisiones
sobre salud y qué factores están influyendo en ellas.
Una reflexión para la práctica clínica
Con frecuencia hablamos de pacientes
“adherentes” o “no adherentes”. Sin embargo, esta clasificación puede resultar
demasiado simplista. Las personas con enfermedades crónicas toman cada día
numerosas decisiones en condiciones de incertidumbre, combinando experiencia,
síntomas, emociones, conocimientos y prioridades personales. Comprender ese
proceso puede ayudarnos a sustituir la pregunta: “¿Por qué este paciente no
hace lo que le recomendamos?” por otra probablemente más útil: “¿Cómo
está tomando esta persona sus decisiones y cómo podemos ayudarle a tomar
decisiones más saludables?” Ese cambio de perspectiva encaja plenamente con
una Atención Primaria basada en la toma de decisiones compartida, la
educación sanitaria, el apoyo al autocuidado y la atención centrada en la
persona.
Paco Camarelles















