Cambiar
hábitos no es fácil. Lo sabemos bien en Atención Primaria. La mayoría de las
personas no fallan por falta de información, sino porque les cuesta mantener
los cambios en el tiempo. Aquí es donde entra en juego una estrategia
sencilla, realista y con mucha base conductual: el encadenamiento de hábitos
o habit stacking. Para celebrar el Día Mundial contra el
Cáncer 2026 del miércoles 4 de febrero de 2026, nos hacemos eco hoy en el blog
del articulo What is Habit Stacking and Why is It Important? publicado recientemente
en el blog del American Institute for Cancer Research.
¿Qué
es el encadenamiento de hábitos?
El habit stacking consiste en aprovechar hábitos cotidianos que ya tenemos incorporados para añadir otros nuevos y saludables justo después. En lugar de “empezar de cero”, se trata de construir sobre lo que ya hacemos cada día. Ejemplo sencillo:👉 Después de cepillarme los dientes por la mañana, salgo a caminar 10 minutos.
Esta
técnica puede ayudarnos a integrar en la vida diaria muchas de las
recomendaciones del Código Europeo contra el Cáncer, como moverse más,
comer mejor o reducir conductas de riesgo.
¿Por
qué funciona?
Muchos
de nuestros actos diarios son automáticos: levantarnos, desayunar, cepillarnos
los dientes, ir al trabajo… Cuando un hábito está bien consolidado, sirve como “ancla” para otro nuevo.
Desde el punto de vista neuroconductual, la repetición refuerza las conexiones
neuronales asociadas a un comportamiento. Cuanto más se repite una secuencia, más
probable es que se mantenga en el tiempo.
Las
cuatro fases del encadenamiento de hábitos o habit stacking
Para
que un hábito nuevo se consolide, intervienen cuatro fases clave:
- Señal (cue). Es
el desencadenante inicial. Algo que ya ocurre de forma habitual. Ejemplo:
terminar de desayunar.
- Deseo (craving). La
motivación para cambiar o mejorar. Quiero sentirme menos rígido y cuidar mis articulaciones.
- Respuesta (response). El
nuevo hábito que incorporamos. Hacer 10 minutos de estiramientos tras el desayuno.
- Recompensa (reward). El
beneficio percibido. Me noto más ágil y con menos molestias.
Estas
cuatro fases ayudan a transformar una acción puntual en un ritual estable.
Los estudios sugieren que se necesitan alrededor de 60 días para
consolidar un nuevo hábito. Si un día se falla, no pasa nada: se retoma al
día siguiente.
Cómo
empezar: un ejemplo práctico
Imaginemos
que queremos aumentar la actividad física diaria, uno de los pilares de
la prevención del cáncer:
- Señal: Después de
desayunar.
- Deseo: Quiero moverme
más y cuidar mi salud.
- Respuesta:
Salgo a caminar 10 minutos.
- Recompensa:
Me siento mejor físicamente y con más energía.
La
clave está en que la señal sea muy concreta y repetible. Señales vagas como “cuando tenga tiempo” o “cuando suene el teléfono” suelen
fracasar.
Ideas
sencillas para encadenar hábitos saludables
Algunos
ejemplos fáciles de aplicar: salir a caminar después del desayuno, Hacer
yoga o pilates después de cepillarte los dientes, practicar tai chi después
de comer, estirarte después de sacar al perro, hacer ejercicios de
fuerza mientras ves tu programa favorito
Pequeños
cambios, bien anclados, pueden tener un gran impacto.
¿De
verdad sirve con tan poco tiempo?
Sí. Y
esto es clave para no desanimarse. Un gran estudio publicado en el British
Journal of Sports Medicine, con más de 30 millones de personas,
mostró que solo 11 minutos diarios de actividad física moderada, como
caminar, se asocian con una reducción del riesgo de mortalidad prematura,
enfermedad cardiovascular y varios tipos de cáncer. Aunque las recomendaciones
generales hablan de 150 minutos semanales, este estudio nos recuerda un mensaje
poderoso en consulta: 👉 hacer
algo siempre es mejor que no hacer nada. Non-occupational physical activity and risk of
cardiovascular disease, cancer and mortality outcomes: a dose–response
meta-analysis of large prospective studies | British Journal of Sports Medicine
Un
mensaje claro para la prevención del cáncer
El habit
stacking es una herramienta sencilla, basada en la vida real, que puede
ayudarnos a traducir las recomendaciones preventivas en acciones cotidianas.
No se trata de cambios drásticos, sino de sumar pequeños hábitos sostenibles,
día a día. En prevención, como en salud pública, la constancia gana a la
perfección.

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