Un
estudio reciente publicado en JAMA Network Open evaluó si un programa
de facilitación de prácticas puede ayudar a los equipos de atención
primaria a implementar el cribado e intervención breve para consumo de
riesgo y perjudicial de alcohol CIB, una estrategia de prevención
respaldada por la evidencia pero poco aplicada en el trabajo clínico diario. Screening and Counseling for
Unhealthy Alcohol Use in Primary Care Practices | Psychiatry and Behavioral
Health | JAMA Network Open | JAMA Network
Los
investigadores llevaron a cabo un estudio en 21 centros de atención primaria
en Carolina del Norte (EE. UU.), con un total de 54.294 pacientes
adultos atendidos entre febrero de 2020 y septiembre de 2023. Cada centro recibió 12 meses de
facilitación de práctica, una estrategia de implementación que incluye: coaching
de mejora de calidad, apoyo con la historia clínica electrónica (p. ej.,
plantillas y flujos de trabajo), y formación sobre cribado y consejos breves.
La
facilitación estuvo asociada con aumentos significativos en los
indicadores de implementación: Tasa de cribado: pasó de un promedio del 17,4
% de pacientes adultos por práctica al 57,6 % al final del segundo
trimestre de facilitación (p < 0.001). Detección positiva: entre quienes se
cribaron, alrededor del 13.9 % tenían un resultado positivo. Intervención
breve documentada: aumentó desde 0 % al 32.3 % de pacientes
con cribado positivo (p < 0.001). Además,
estas mejoras se mantuvieron en el tiempo después de los seis primeros
meses de la intervención. Hubo variación
entre prácticas, lo que sugiere que factores organizativos o contextuales
influyen en la adopción del cribado y el consejo breve.
¿Qué
nos enseña este estudio para la práctica clínica?
El estudio publicado en JAMA Network Open aporta lecciones muy concretas para quienes intentamos que el cribado e intervención breve (CIB) en alcohol deje de ser una recomendación “teórica” y se convierta en práctica habitual.
- El problema no es la evidencia, es la implementación. El CIB en alcohol lleva décadas recomendado. Sin embargo, este estudio confirma que, sin apoyo estructurado, el cribado y la intervención breve apenas se realizan. La formación aislada o las alertas en la historia clínica no son suficientes. 👉 El cuello de botella está en cómo se integra en el trabajo diario, no en el “qué hay que hacer”.
- La facilitación funciona (y mucho). La intervención clave del estudio no fue un nuevo cuestionario ni una técnica clínica compleja, sino la facilitación de la práctica: acompañamiento a los equipos, adaptación al contexto local, ayuda para resolver barreras organizativas reales. 👉 Mensaje clave para gestores y responsables clínicos: invertir en facilitadores es invertir en resultados preventivos.
- Cribar es posible… si se normaliza. Pasar de tasas de cribado cercanas al 15–20 % a más del 50 % demuestra que: el cribado no es inviable por falta de tiempo, se vuelve factible cuando se integra en circuitos claros, deja de depender de la motivación individual de cada profesional. 👉 El cribado funciona cuando se convierte en rutina de equipo, no en acto heroico individual.
- La intervención breve sigue siendo el gran reto. Aunque la intervención breve aumentó de forma relevante, solo 1 de cada 3 personas con cribado positivo la recibió de forma documentada. Esto señala la persistencia de barreras comunicacionales, la incomodidad para abordar el alcohol, y la necesidad de reforzar habilidades y guiones breves. 👉 Implementar el cribado es el primer paso: consolidar la intervención breve es el siguiente desafío.
- Indicadores simples, impacto real. El estudio utiliza indicadores muy básicos, fácilmente replicables: registro de alcohol, AUDIT-C realizado, intervención breve documentada. 👉 No hacen falta cuadros de mando complejos: medir poco, pero medir bien, cambia la práctica.
- Implicación práctica para Atención Primaria en nuestro contexto. Este trabajo respalda estrategias que se deberían promover en nuestro medio como la formación vinculada a implementación, el uso de facilitadores locales ,la adaptación al centro de salud real, y la evaluación continua. 👉 Es un argumento sólido para pasar: de “recomendar el CIB” a organizar el sistema para que ocurra.
Este
estudio confirma algo que muchos profesionales de Atención Primaria intuimos
desde hace años: el cribado y la intervención breve en consumo de alcohol no
dependen tanto de la motivación individual como de la organización del sistema.
Cuando los equipos reciben facilitación, tiempo y apoyo para integrar el CIB en
su rutina diaria, la prevención deja de ser una recomendación y se convierte en
práctica real. Apostar por facilitadores locales y por estrategias de
implementación no es un lujo: es una condición necesaria para que la prevención
funcione.

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