sábado, 17 de octubre de 2026

¿Por qué es difícil hacer prevención en Atención Primaria? Barreras y soluciones

 

La falta de tiempo, la presión asistencial y los problemas organizativos son las principales barreras para implementar las actividades preventivas en las consultas de Atención Primaria. Así lo señalan los resultados de un estudio realizado con profesionales sanitarios en Barcelona y Madrid, presentado en el encuentro INEBRIA–PEACHD 2026.

Sabemos qué hacer en prevención, pero no siempre podemos hacerlo

Disponemos de evidencias científicas y recomendaciones sobre numerosas intervenciones preventivas eficaces. El consejo sobre el consumo de tabaco y alcohol, la promoción de la actividad física o la alimentación saludable forman parte de las actividades preventivas que deberían integrarse en la práctica clínica habitual. Sin embargo, existe una distancia entre lo que recomiendan las guías y lo que realmente se hace en las consultas. ¿Por qué resulta tan difícil implementar de manera sistemática las actividades preventivas en Atención Primaria? ¿Qué obstáculos encuentran los profesionales? ¿Qué cambios podrían facilitar su trabajo?

Estas son las preguntas que nos planteamos en el estudio «Why prevention fails in primary care: barriers andf acilitators from Spanish professionals», presentado en INEBRIA–PEACHD 2026. Un estudio con profesionales de Atención Primaria hecho en Barcelona y Madrid. El objetivo fue identificar, cuantificar y ordenar las principales barreras y facilitadores percibidos por los profesionales sanitarios para implementar actividades preventivas en sus consultas. Se realizó un estudio descriptivo transversal mediante preguntas abiertas en dos encuentros profesionales: Barcelona: encuentro Sumasalut, noviembre de 2024, con 131 profesionales participantes. Madrid: encuentro PAPPS, marzo de 2026, con 38 profesionales participantes. Las respuestas se analizaron mediante un análisis temático de contenido, agrupando los conceptos similares en categorías comunes. En total, se analizaron 438 respuestas: 244 relacionadas con barreras y 194 con facilitadores.

Es importante señalar que la unidad de análisis fue la respuesta, no el profesional. Por tanto, los porcentajes expresan el peso relativo de cada categoría entre las respuestas recogidas, y no la proporción de profesionales que experimentan cada barrera. La falta de tiempo y la organización explican casi la mitad de las barreras identificadas. El resultado más destacado fue el predominio de las dificultades organizativas. El 49,2 % de las respuestas sobre barreras (120 de 244) estaban relacionadas con la falta de tiempo, la presión asistencial y la organización del trabajo.

Las principales categorías identificadas como barreras fueron: Tiempo, presión asistencial y organización (49,2 %), Motivación, actitudes e inercia profesional (10,2 %), Factores relacionados con los pacientes (10,2 %).  Formación, conocimientos y habilidades (8,2 %), Factores sociales, culturales e idiomáticos (8,2 %).  Recursos, herramientas y organización del equipo (6,1 %). Factores individuales del profesional (3,3 %). Complejidad clínica (2,5 %). Y Cultura preventiva y expectativas  (2,0 %).

Estos resultados muestran que los problemas organizativos tienen un peso muy superior al de otras barreras percibidas. La formación y los conocimientos aparecen entre los obstáculos, pero con una frecuencia considerablemente menor que los relacionados con el tiempo y la organización



¿Qué ayudaría a hacer más prevención en las consultas?

También preguntamos a los profesionales qué facilitaría la implementación de las actividades preventivas. Los resultados fueron coherentes con las barreras identificadas. Disponer de más tiempo y mejorar la organización de las agendas fue el facilitador más mencionado (28,4 % de las respuestas). Le siguieron la formación y la disponibilidad de herramientas sencillas y protocolos integrados en el trabajo habitual, ambos con un 15,5 %.

Facilitadores identificados: Más tiempo y mejor organización de agendas (28,4 %), Formación y capacitación profesional (15,5 %), Herramientas sencillas, protocolos e integración (15,5 %), Motivación e implicación profesional (11,3 %), Trabajo en equipo y atención multidisciplinar (7,7 %), Liderazgo y apoyo institucional (6,2 %), Relación clínica y habilidades comunicativas (6,2 %), Recursos materiales y estructurales (5,2 %), y Contexto social y factores relacionados con pacientes (4,1 %).

Los profesionales no solo identifican dificultades, sino que también señalan posibles soluciones. La falta de tiempo encuentra su contrapartida en una mejor organización de las agendas; las necesidades formativas, en la capacitación profesional; y las dificultades con las herramientas, en disponer de protocolos sencillos e integrados en los sistemas de trabajo.

La formación es necesaria, pero probablemente no suficiente

Uno de los mensajes más relevantes del estudio es que mejorar los conocimientos de los profesionales no garantiza, por sí solo, que las recomendaciones preventivas se incorporen a la práctica clínica. La formación puede mejorar los conocimientos, las habilidades y la confianza profesional. Sin embargo, si después de realizar un curso el profesional vuelve a una consulta con una agenda sobrecargada, poco tiempo disponible y herramientas escasamente integradas, las dificultades para hacer prevención pueden persistir. Los resultados sugieren que las intervenciones educativas deberían acompañarse de cambios organizativos y de estrategias que faciliten la incorporación de las actividades preventivas al trabajo cotidiano.

De las recomendaciones a la práctica: actuar en tres niveles

A partir de los resultados, planteamos que mejorar la implementación de la prevención requiere intervenciones complementarias en tres niveles. 1. Nivel profesional. Mejorar las habilidades, la motivación y las competencias de comunicación de los profesionales sanitarios. 2. Nivel del equipo de Atención Primaria. Facilitar herramientas sencillas, integrar las actividades preventivas en los circuitos asistenciales y potenciar el trabajo multidisciplinar. Y 3. Nivel organizativo y del sistema sanitario. Mejorar la disponibilidad de tiempo, revisar la organización de las agendas y reforzar el liderazgo y el apoyo institucional. Este enfoque puede resultar relevante para diferentes actividades preventivas, desde las intervenciones breves sobre el consumo de alcohol hasta el abordaje del tabaquismo, la promoción de la actividad física o el consejo sobre alimentación saludable.

¿Qué limitaciones tiene el estudio?

Los resultados deben interpretarse teniendo en cuenta algunas limitaciones. Los participantes procedían de dos encuentros profesionales y fueron seleccionados mediante muestras de conveniencia, por lo que no representan necesariamente al conjunto de profesionales de Atención Primaria de España. La clasificación de respuestas abiertas requirió un análisis interpretativo y el diseño descriptivo no permite establecer relaciones causales. No obstante, el estudio permite identificar las dificultades percibidas por los profesionales y posibles ámbitos de intervención que podrían evaluarse en futuras investigaciones.

Conclusiones: para hacer más prevención hay que facilitar que pueda hacerse

Los resultados nos llevan a una reflexión importante. Durante años hemos dedicado esfuerzos a elaborar recomendaciones, actualizar guías clínicas y formar a los profesionales sanitarios. Todas estas actuaciones siguen siendo necesarias. Pero si queremos mejorar la implementación de las actividades preventivas en Atención Primaria, también debemos prestar atención a las condiciones en las que se desarrolla la asistencia. Los profesionales necesitan conocimientos y habilidades, pero también tiempo, herramientas sencillas, equipos coordinados y organizaciones que faciliten la prevención. El reto no consiste únicamente en recordar a los profesionales la importancia de prevenir, sino en crear las condiciones necesarias para que puedan hacerlo.

Paco Camarelles

 

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