jueves, 25 de abril de 2013

¿Que es mejor para perder peso, la dieta o el ejercicio físico?

Esta es la pregunta que intentan responder  en el blog de la Escuela de Medicina de Harvard. La primera respuesta que se nos ocurre es pensar que el mejor enfoque es comer menos y hacer más ejercicio. Pero esta respuesta no resuelve la pregunta. Probablemente es más fácil cortar 500 calorías de la dieta que quemar 500 calorías con el ejercicio. La teoría que se defiende en el blog es que si restringimos las calorías el cuerpo ralentiza el metabolismo, quema menos calorías y ya no se pierde peso tan rápido. La solución es aumentar la actividad física, así se contrarresta la desaceleración del metabolismo causado por la reducción de calorías. Con ejercicio regular, no sólo se queman calorías cuando está uno activo, también se aumentan las calorías que se queman en reposo (gasto energético en reposo). Cualquier aumento en el gasto de energía en reposo es muy importante para la pérdida de peso, ya que la mayoría de nosotros estamos en reposo la mayor parte del día. Además, la actividad física disminuye el apetito en el momento inmediatamente después del ejercicio. En el blog se indican los niveles de actividad física necesaria.
 
 

Pero suponiendo que he decido cambiar mis hábitos con una alimentación sana y el inicio de una actividad física adecuada, ¿Qué hago primero? En la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford han descubierto que si cambiamos la dieta y ejercicio al mismo tiempo, los resultados son mejores que hacerlo de forma secuencial. También encontraron que centrarse en el cambio de dieta primero puede interferir en la actividad física realizada posteriormente. Si hay que empezar con uno, mejor comenzar con la actividad física. Sus hallazgos han sido  publicados este abril de 2013 en la revista Annals of Behavioral Medicine.(Behavioral Impacts of Sequentially versus Simultaneously Delivered Dietary Plus Physical Activity Interventions: the CALM Trial). Los investigadores dividieron a 200 participantes inicialmente inactivos, de edades entre 45 años o más y con dietas no saludables, en cuatro grupos diferentes. El primer grupo aprendió a hacer cambios en la dieta y el ejercicio al mismo tiempo. El segundo grupo aprendió a hacer cambios en la dieta primero y no trató de cambiar sus hábitos de ejercicio hasta unos meses más tarde. El tercer grupo invierte ese orden y aprendió a cambiar los hábitos de ejercicio antes de añadir asesoramiento dietético saludable. El cuarto grupo, en comparación, no hizo cambios en la dieta o el ejercicio, pero se le enseñó las técnicas de control del estrés. Los investigadores siguieron el progreso de los participantes en los cuatro grupos durante un año.

El tema que subyace es cómo podemos introducir cambios en los estilos de vida no saludables que en muchas ocasiones aparecen juntos, y como los podemos priorizar o manejar al mismo tiempo.