lunes, 24 de junio de 2013

Beber para olvidar


Hay muchas referencias en nuestra cultura popular, en refranes o canciones, a la ingesta de alcohol para superar las dificultades y avatares de la vida, sin embargo hasta ahora no se había estudiado cientificamente este aspecto del consumo de alcohol. La relación entre la ingesta de alcohol y las dificultades emocionales es un tema complejo, ¿Qué viene primero el estado de ánimo depresivo o la ingesta de alcohol? El alcohol es una sustancia que deprime el estado de ánimo, y al mismo tiempo podría ser que las personas deprimidas utilicen el alcohol para calmar su angustia, como una forma de auto medicación, con el peligro de caer en la adicción.

Dos nuevos estudios publicados recientemente en JAMA Psychiatry analizan la relación entre el estado de ánimo y la ingesta de alcohol, con la intención de predecir quien puede desarrollar una adicción al alcohol y que personas dependientes al alcohol son más proclives a recaer.

El primer estudio, analiza mediante scanner la actividad cerebral en pacientes dependientes al alcohol que estaban ingresados para tratar su dependencia. Los investigadores encontraron diferencias en la activación de ciertas áreas cerebrales que regulan el estado de ánimo, ante estímulos estresantes, entre dependientes al alcohol que sufrieron recaídas y personas sin dependencia alcohólica o dependientes sin recaídas.
En el otro estudio los investigadores preguntaron a consumidores de riesgo de alcohol si bebían para mejorar su estado de ánimo o para relajarse. A los cuatro años se analizó que personas habían desarrollado dependencia al alcohol y cuáles no. Aquellos que bebían para aliviar su estado de ánimo tuvieron tres veces más riesgo de desarrollar dependencia que los que no lo hacían o utilizan el alcohol para aumentar el estado de ánimo. Además  aquellos dependientes que utilizaban el alcohol como "calmante" tuvieron más riesgo de recaída. Un dato que resulta interesante: la fracción poblacional atribuible para desarrollar dependencia fue del 11,9 % para desarrollo de dependencia y del 30,6& para recaída en la dependencia.
 
A nivel práctico en la consulta diaria de un médico de familia o una enfermera poco nos pueden aportar estos estudios al manejo de pacientes con consumo de riesgo o dependencia al alcohol. Sí que nos ilustran, sin duda alguna, de la complejidad de estas adicciones en las que se mezclan componentes biológicos, sicológicos y culturales.

No dejéis de ver el vídeo que os adjunto con la intención de que nunca bebáis alcohol para olvidar vuestras penas.